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de 17 países fabrican y almacena armamento químico,
entre ellos Irán e Irak. Su auge entre los estados y las
bandas terroristas es cada día mayor. Una sola gota resulta
letal, ya sea por inhalación de sus vapores o por contacto
cutáneo directo. Su empleo genera un verdadero desastre ecológico
al perturbar el equilibrio de la biodiversidad y de la vida humana,
que sólo puede evitar la voluntad moral y política.
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En
la antigüedad, el envenenamiento de comidas y pozos estaba prohibido,
así como la utilización de armas con ponzoña.
Romanos y griegos condenaban la utilización de venenos en la
guerra por violar el ius gentium (derecho de gentes). Las amas provistas
de venenos y otros tipos de agentes infecciosos (no conocidos en esa
época) quedaron prohibidos por la ley Manu, justamente por
esas vueltas del destino, en la India en el año 500 a.c. Pero
el tabú del veneno ha sido violado en reiteradas ocasiones.
Unos de los motivos principales del porqué aún hoy no
se han utilizado en forma masiva las armas químicas y biológicas
responde al impedimento de ocupar los territorios contaminados por
largos períodos hasta que el agente nocivo desaparezca.
En la Guerra del Golfo, Irak reconoció ante la comunidad internacional
haber provisto cabezas biológicas a sus misiles Scud, frente
a las acusaciones de los inspectores de las Naciones Unidas.
La facilidad de obtención de armas químicas y biológicas
las torna demasiado accesibles, pese a su exponencial poder devastador.
Una prueba potencial de los numerables esfuerzos que los países
han estado realizando para tener su fabricación y almacenamiento
es una gran cantidad de tratados firmados, que prohíben el
desarrollo o la posesión de armas biológicas (la convención
de 1972 consideró el armamento biológico como "repugnante
para la conciencia del hombre"). Paradójicamente, el número
de fabricantes se ha disparado. En 1990, eran diez los países
que las fabricaban; en 1995, la cifra ascendía a diecisiete,
entre ellos Israel, Irak, Irán, Egipto, Vietnam, Bulgaria,
Libia, Laos, EE.UU., Rusia, Cuba, etc.
Si un ataque químico es algo terrible, peor es uno biológico.
Los agentes químicos son inanimados. Se dispersan diluyen con
el tiempo. En cambio, los agentes biológicos (bacterias, virus)
pueden resultar muy contagiosos, reproducirse y hasta mutar en otros
organismos imprevisiblemente infecciosos.
Algunos agentes biológicos provocan incapacidades irreversibles
en al víctima; otros, la matan. El virus de Ebola termina con
la vida del 90 % de sus víctimas en menos de una semana. |
No
existe tratamiento ni cura alguna para el virus de
Ebola. Tampoco se sabe con claridad el mecanismo de su propagación.
El horror de todo esto se ve superado por el peligro de que ciertos
individuos o naciones utilicen este recurso para atacar con virus
a otros países.
La insistencia puesta en el desarme biológico se ve respaldada
por traes datos preocupantes:
- La población civil carece de defensas ante un eventual ataque
biológico.
- Las barreras físicas contra la infección (piel, máscaras
de gas, ropa apropiada) no ofrecen una gran garantía de protección,
aunque muchas veces es suficiente.
- Existen pocas probabilidades de repeler un ataque con agentes biológicos
no tradicionales.
Cuanto más tiempo persistan estas armas su sentido de ilegitimidad
perderá gradualmente valor y aumentará su uso probable
en el terreno militar o terrorista. Tratados, regímenes, pactos,
convenciones, supervisión en el intercambio de agentes patógenos:
su eficacia, en última instancia, depende de la voluntad moral
y política de las naciones, así como del deseo de potenciarlas
para lograr evitar, en un futuro cercano, un nuevo tipo de catástrofe
ambiental: la contaminación biológica masiva.
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Las cifras
de la destrucción
En lo que va del siglo xx una
sola vez se registró oficial mente el uso de armas químicas
y biológicas.
-Japón las utilizo contra china
en la década del 30.
-En
los ’40 experimentos con armamento biológico contaminaron
en Escocia la isla de Gruinard durante 40 años.
-En 1984 una secta de Oregon, EE.UU., diseminó la bacteria
de Salmonella
en 4 restaurantes y causó más
de 700 intoxicaciones.
-El atentado con gas Sarín
en el subte de Tokio en 1995 causo 12 muertos y 5.500 enfermos.
-Luego de los ataques terroristas
a las torres gemelas en Nueva York de 11 de septiembre del
2001. Se produjeron principalmente a través del correo, infecciones
con el virus de Ántrax. Produciendo un gran terror psicológico
y también muertes como una nuestra de esta mortífera arma
biológica |
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