| Al rededor
de 350 modelos de minas terrestres están diseminados por
el mundo. Todas ellas de bajo costo. Matan o mutilan 15.000 personas
por año. La mayoría de las víctimas son civiles
inocentes, con un número muy elevado de niños. Sin
embargo, cada día se siembran por millares.
En el seno
de la sociedad moderna existe una nueva clase de guerra instalada.
En la mayoría de los casos los conflictos bélicos
no son entre países, sino entre sectores sociales. Ataques
terroristas, luchas por problemas étnicos o raciales y guerras
civiles, entre otros, son ejecutados por verdaderos ejércitos
"no oficiales", que combaten con armas devastadoras y
se parapetan para evitar se descubiertos en medio de zonas densamente
pobladas por el grueso de la población civil. Por lo general,
la estrategia militar de un grupo armado se basa en utilizar a grupos
de civiles como blanco y aterrorizarlos.
Esto determinó que los ciudadanos comunes hayan ocupado con
el paso del tiempo un lugar cada vez más importante como
víctimas de los enfrentamientos armados.
Durante la Primera Guerra Mundial, el 15% de las víctimas
eran civiles. En el transcurso de la Segunda Guerra mundial, esa
cifra ascendió al 50%. Mientras que en la actualidad los
heridos civiles representan un 90%.
Una de las consecuencias más dramáticas y catastróficas
de estas compulsas bélicas es el uso cada vez más
generalizado de las minas contrapersonales. Y no nos referimos a
las minas que para ser accionadas requieren la presión ejercida
por un tanque o algún vehículo pesado, sino a las
que se acciones por una leve presión y no distinguen entre
el pie de un chico o el de un excombatiente.
La princesa Lady Di supo encabezar junto con algunas organizaciones
de derechos humanos, diversas campañas para logra la prohibición
absoluta de la fabricación, el desarrollo y la venta de las
minas: verdaderas amas de destrucción masiva en cámara
lenta, como oportunamente se las ha llamado.
Las minas, que se han venido utilizando desde comienzos de siglo,
ya no constituyen un recurso para resguardar las instalaciones militares,
o impedir el acceso del enemigo a terrenos del adversario. Hoy se
emplean para proteger cementerios privados, reservas de agua potable,
combustible o incluso ciudades.
El Uso generalizado se debió al desarrollo de las minas de
plástico que contienen una mínima cantidad de metal,
son más confiables, baratas, duraderas y muy difíciles
de detectar. En muchas regiones, para esparcirlas al azar se han
utilizado helicópteros, artillería u otros medios,
logrando sembrar de minas muchas áreas del planeta. Por eso
hablamos de "contaminación terrestre".
En el planeta se encuentran sembradas 110 millones de minas contrapersonales
(CP), la mayoría podrían persistir durante siglos.
Un nuevo tipo de contaminación ambiental tan letal como el
arsénico o el cianuro no amenaza. Y aunque de aquí
en adelante no se fabricaran, las que ya están esparcidas
van a provocar daños enormes, poniendo a prueba todas las
organizaciones humanitarias.
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